
Hace casi cien años, la dramática lucha de los trabajadores salitreros por un poco de pan, fue acallada por la metralla, en la Escuela Santa María de Iquique.
Cuando transito por el sector, me detengo por un instante, veo y analizo el entorno.De aquella Escuela de madera nada queda.Hoy en día solo es una mole de cemento, que fue desocupada hace ya un año con el objeto de levantar una replica de la vieja escuela. Hasta ahora nada de eso ha ocurrido y tan solo es dormitorio, para aquellos que han decidido cambiar sus vidas por una botella de vino.
En las afueras de la escuela hay un monolito, una estructura de cemento de no mas de 1 metro 50 de alto y 1 metro de ancho, en su cara posterior hay una imagen labrada en greda de 3 obreros del salitre, y abajo una placa de bronce y una sencilla leyenda. Pero lo que más me llama la atención es el homenaje de la gente humilde, siempre hay un clavel rojo o blanco, que ha sido depositado por manos anónimas, continuadoras de aquellas que cobijaron a los perseguidos después de tan oscuros hechos.
A pesar de la trascendencia del hecho y de la crueldad del mismo, ha pasado casi desapercibido para la mayoría del país.Nada se ha realizado, para tratar de reparar, aquella grieta que se abrió hace ya una centuria y que aun no se cierra. Nada se ha realizado reestablecer ante la historia la dignidad de aquellos que fueron llevados, como corderos a su sacrificio. Ni siquiera hay certeza de donde están sus restos.
La Presidenta de la República no vendrá, decisión que lamento.Su gobierno es según sus palabras “ciudadano”, pero acaso quienes cayeron y sus vidas fueron cegadas por las balas pagadas por el Estado de Chile, no eran ciudadanos.Que diferencia había entre el gringo North y Elías Lafferte. Su ausencia solo refrenda la decisión que en algún día tomo su antecesor Pedro Montt.
Cuando transito por el sector, me detengo por un instante, veo y analizo el entorno.De aquella Escuela de madera nada queda.Hoy en día solo es una mole de cemento, que fue desocupada hace ya un año con el objeto de levantar una replica de la vieja escuela. Hasta ahora nada de eso ha ocurrido y tan solo es dormitorio, para aquellos que han decidido cambiar sus vidas por una botella de vino.
En las afueras de la escuela hay un monolito, una estructura de cemento de no mas de 1 metro 50 de alto y 1 metro de ancho, en su cara posterior hay una imagen labrada en greda de 3 obreros del salitre, y abajo una placa de bronce y una sencilla leyenda. Pero lo que más me llama la atención es el homenaje de la gente humilde, siempre hay un clavel rojo o blanco, que ha sido depositado por manos anónimas, continuadoras de aquellas que cobijaron a los perseguidos después de tan oscuros hechos.
A pesar de la trascendencia del hecho y de la crueldad del mismo, ha pasado casi desapercibido para la mayoría del país.Nada se ha realizado, para tratar de reparar, aquella grieta que se abrió hace ya una centuria y que aun no se cierra. Nada se ha realizado reestablecer ante la historia la dignidad de aquellos que fueron llevados, como corderos a su sacrificio. Ni siquiera hay certeza de donde están sus restos.
La Presidenta de la República no vendrá, decisión que lamento.Su gobierno es según sus palabras “ciudadano”, pero acaso quienes cayeron y sus vidas fueron cegadas por las balas pagadas por el Estado de Chile, no eran ciudadanos.Que diferencia había entre el gringo North y Elías Lafferte. Su ausencia solo refrenda la decisión que en algún día tomo su antecesor Pedro Montt.
La prioridad no ha sido, dar solución de una vez por todas a la exclusión y responder a las viejas necesidades de todos aquellos que claman por mas justicia, por mas respeto. En realidad las prioridades del gobierno están en cualquier parte menos en la realidad de la gran mayoría de los chilenos.
Las manos que labraban la tierra, por primera vez se alzaron al cielo, ya no en busca del salitre, sino que en busca de algo más preciado, su humanidad. Que hay de malo en ello, no eran hordas de bárbaros, tan solo mujeres y niños, ancianos, hombres, familias completas, que pedían lo justo, pan, justicia y dignidad.
Quizás las armas se acallaron, pero su voz y su lucha aun persiste en nuestra conciencia, ya no como en la calichera, sino como el trabajador del retail, el temporero, la cajera de supermercado, el subcontratado, el júnior .Persiste en la voz silente de cada trabajador de este país que solo pide, que se le reconozca como persona.No es la lucha por mas plata, sino que por mas justicia, no es por menos horas de trabajo , sino que por mas dignidad en el mismo.No es por mas beneficios , sino que haya trato justo.
¿Acaso es mucho pedir?
Las manos que labraban la tierra, por primera vez se alzaron al cielo, ya no en busca del salitre, sino que en busca de algo más preciado, su humanidad. Que hay de malo en ello, no eran hordas de bárbaros, tan solo mujeres y niños, ancianos, hombres, familias completas, que pedían lo justo, pan, justicia y dignidad.
Quizás las armas se acallaron, pero su voz y su lucha aun persiste en nuestra conciencia, ya no como en la calichera, sino como el trabajador del retail, el temporero, la cajera de supermercado, el subcontratado, el júnior .Persiste en la voz silente de cada trabajador de este país que solo pide, que se le reconozca como persona.No es la lucha por mas plata, sino que por mas justicia, no es por menos horas de trabajo , sino que por mas dignidad en el mismo.No es por mas beneficios , sino que haya trato justo.
¿Acaso es mucho pedir?
